Nuestra Historia

La construcción de la casa fue complicada ya que la tierra del solar era muy arcillosa, tuvieron que hacer mucha obra para levantar la casa. Pero papá quería que fuera allí, era muy sanguino, así que supongo sería un punto importante que aquel lugar fuese de la familia durante muchos años.


Contaba la abuela Valentina y la tía Clementa que en aquel solar estaba la escuela de Doña Lola, una cubana que llegó al pueblo cuando ellas eran pequeñas.

 

Una señora, una auténtica dama de bandera, culta, refinada e interesante.

 

El bisabuelo Antonio le dejó aquel solar que contaba con una cuadra y una pequeña vivienda. Fue allí donde enseñó a los abuelos de nuestro pueblo a leer y a escribir. 

 

La tía Clemen era una persona ávida de sabiduría y con Doña Lola empezó su carrera personal en la vida, aunque no llegó a la universidad, siempre estaba estudiando, haciendo cuentas o en su juventud discutiendo de derecho con el bisabuelo Catalino. 

 

La abuela Valen, en cambio, era un poco más artística, le gustaba escribir poemas, pintar y los tangos. Era muy guapa, eso decía ella, eso decían en el pueblo y eso reflejan las fotografías. 

 

La tía Antonia era alta y delgada. A ella le gustaban más las tareas de la casa y cocinaba muy bien. 

 

La tía Feli, era una mujer de carácter fuerte pero sano, imponía respeto. Algunos miércoles de invierno, papá hacía gachas para cenar y todavía recuerdo, como sentada en el patio, ponía su mejor sonrisa cuando entrábamos a llevarle un plato.

 

Según contaban, Doña Lola era feliz enseñando en el pueblo y se instaló allí para siempre. Era una persona enigmática, y como casi todas las personas así, hay aspectos de su vida que siempre se quedarán guardados y nunca se sabrán...

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